Centro Cultural Gómez Tortosa

Situado en la calle Mayor, número 6.

Este edificio, propiedad del Ayuntamiento de Novelda, muestra el esplendor del modernismo de las casas particulares de esta ciudad.

Este inmueble de tres plantas fue construido al principio del último tercio del siglo XIX, el cual sufrió una profunda reestructuración y ampliación de su planta en 1901, al ser adquirido por Dª. Antonia Navarro Mira (propietaria también en su día de la actual Casa Museo Modernista) la cual incorporó elementos decorativos y arquitectónicos propios del modernismo.

Este edificio se constituyó como vivienda familiar y fue residencia de los Condes de Gómez-Tortosa. Aunque su aspecto exterior no llama la atención, al estar más cerca de las composiciones arquitectónicas del siglo XIX, es su interior el que sí lo hace, ya que ofrece buenos ejemplos de decoración y distribución típica de las casas de la burguesía de principios de siglo XX. Es de destacar las columnas y enrejados de hierro fundido, escalera de hueco ovalado, claraboya, patio rodeado de columnas de piedra caliza de estilo corintio sobre base de mármol rojo de la zona, salón de los tapices pintados por Lorenzo Pericás rodeado de zócalo de roble tallado con azulejería policromada, capilla, muebles de época y demás elementos que reflejan el exquisito gusto modernista de la época.

Historia del Centro Cultural Gómez Tortosa 

El edificio que actualmente alberga el Centro Cultural Gómez-Tortosa está compuesto por dos cuerpos arquitectónicos claramente diferenciados. El primero, construido en 1879 bajo las directrices de su dueño José Rizo Ferrándiz, se asienta sobre un solar de cuatro casas posteriormente derribadas para construir una sola vivienda donde vivió con su familia hasta finales de 1893 que muere Dolores Serrano, su esposa.

Ya en 1899, la casa es comprada por Antonia Navarro Mira y es ésta quien la reforma dándole el carácter modernista que hoy podemos contemplar. En 1900 y 1901 su yerno, el conde Antonio Gómez-Tortosa, adquiere los dos solares que se encuentran adosados en la parte posterior de la casa y las añade a la vivienda, naciendo así una de las partes más privadas de la casa: el patio.

Por esos días, Antonia Navarro lideraba junto con su padre Luís Navarro Navarro de Mira, una de las familias más ricas y poderosas de Novelda. Ambos tuvieron un reconocido prestigio en el mundo de los negocios por ser calificadas como personas emprendedoras y pioneras en el comercio de azafrán.

Esta señora residió toda su vida en la casa paterna, salvo durante su matrimonio, pudiendo así estar al lado de su padre aprendiendo a llevar los negocios, las inversiones y a administrar los bienes patrimoniales participando de una forma más activa en ellos. Es por esa razón que, al morir su padre y heredar su gran fortuna, decide hacerse cargo de las riendas del negocio familiar y de las distintas propiedades que poseen. Es importante recalcar que fue una gran financiera, empresaria e inversora sagaz, con una amplia experiencia e independencia en lo económico, diametralmente opuesto al modelo de mujer que marcaban los cánones sociales de la época.

Antonia Navarro estuvo casada con Luís Navarro Abad pero enviudó a los ocho años de matrimonio quedándose con 3 hijos: Carmen, Antonio (el cual murió con 12 años de tuberculosis) y Luisa.

Destinó sus dos casa-palacio sitas en la calle Mayor 4 y 24 a sus dos hijas. La primera a Carmen Navarro, casada en 1888 con el conde Gómez-Tortosa; y la otra a Luisa, casada en 1905 con José Luís Gómez Navarro.

Doña Antonia muere el 17 de noviembre de 1921 a los setenta y cinco años de edad. A su muerte, su hija Carmen heredaría, como hemos mencionado anteriormente, la propiedad del edificio, aunque ya era su residencia familiar durante el tiempo que el oficio de su marido les permitía permanecer en Novelda.

Antonio Gómez-Tortosa obtuvo el título equivalente a Doctor en Derecho y ejerció de juez en diversos lugares de España. Es por esto que la residencia de este matrimonio recibió a importantes autoridades y personalidades del momento. Este señor murió en 1929 y su esposa tan sólo dos años después, dejando una gran herencia a sus cuatro hijos. Este inmueble en particular, fue adjudicado a la hija Luisa Gómez-Tortosa Navarro que, aunque tuvo su residencia en Madrid, pasaba largas temporadas en su casa familiar de Novelda.

Se sabe que Luisa fue una mujer muy culta y muy religiosa. Y aunque jamás se casó, dedicó toda su vida a sus sobrinos al morir su hermana Mercedes en 1934 durante el parto. Tuvo una influencia muy importante en la vida social local del momento, incluso actuó como madrina en representación de su abuela, Antonia Navarro, de la primera piedra del Santuario de Santa María Magdalena en 1918 y de su inauguración en 1946.

La primera descripción del edificio, tal y como lo conoceríamos hoy, data de 1933 cuando fue inscrito en el Registro de la Propiedad de Novelda. Se describe como una casa en la calle Mayor con esquina chaflán a la calle Sirera y Dara con la que tenía puerta de servicio y formado por planta baja, principal, desvanes y dos grandes patios, uno con cubierta de vidrio y el otro completamente descubierto.

Al inicio de la Guerra Civil Española, el edificio fue incautado como sede de la organización CNT pero meses antes de acabar la contienda lo abandonaron.

Luisa falleció en 1986 en Madrid y fue trasladada a Novelda para ser enterrada en el panteón familiar. Sus sobrinos Juan Luis y Mercedes Cort Gómez-Tortosa fueron los herederos a quienes correspondió la vivienda. Estos últimos venden en el año 1988 al Ayuntamiento de Novelda, el cual adquiere el inmueble en su empeño de recuperar y revalorizar el patrimonio histórico y artístico del municipio.

Es a partir de ese momento cuando empiezan a sucederse una serie de restauraciones y remodelaciones con el propósito de devolverle a esta casa su color original. Así se crea la Escuela Taller Modernista de Novelda constituida con el interés de introducir el saber hacer de los artesanos y artistas del siglo XX en la población de desempleados. La Escuela Taller desempeña el trabajo de reparar todos los daños causados al edificio e intentar reconstruir la línea original. De este modo, suelos, puertas y muebles de madera, piezas en hierro fundido, vidrios, pinturas y demás elementos decorativos y arquitectónicos se trabajan con el afán de revivirlos.

Desde entonces y hasta estos momentos los trabajos de recuperación y conservación son constantes a cargo ya de distintos grupos de restauración, encargados de velar por la salud de los antiguos y delicados materiales nobles que bordan este bello y singular monumento, el Centro Cultural Gómez-Tortosa.